¡Ah no me digás!
están ahí sentadas y vos a cargo de sujetarla:
si veo los mechones como flamas
que se le enredan en orejas y pestañas.
La piel de un día entero ya flotó y a su resaca,
se la lleva esa boca de tornado hogareño
que ruge la agonía de sus juegos.
¡Ah si te digo!
acá también se acabó el recreo,
quedamos en el tablero sólo nucas estacionadas
compartiendo las espaldas
sin conocer el puntaje.
Precedida del último trino la noche detona:
quiebra la fórmica,
destartala el aluminio,
hace cóncavo el acrílico,
y vos sumergida en píldoras
y ella esperando su turno para un sueño
donde yo no soy reliquia.
Épocas de traslado en el horario en que los hijos toman sus cenas y sus baños, cuando las abuelas les acomodan la ropa, cepillan su pelo y velan el primer tramo de su sueño. Soñaba y revivía mis primeros momentos a cuidado de una abuela hasta que una mamá regresara. No fue simétrica la vida conmigo, no está mi madre velando el primer sueño de mi hija, tal vez vuelva el orden natural con ella.
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