sábado, 15 de octubre de 2011

Órbita

Como  a naranjas
hace lo suyo el cielo
con la gran cisterna de hemisferios:
se distrae y la divide,
mientras exprime a más de la mitad
incrustándole un eje por donde sorbe lujo.
Echa a rodar lo que queda en alternancia de satélite
y reedita entre dos polos
la raza de penar en el umbral.

¿Qué otra cosa es sino adviento de miradas el tiempo en pose del mundo?





Un dios adinerado partió su herencia en vida y en lugar de echar a suerte el destino de la moneda, la depositó con toda intención en la balanza de la mitad favorecida.
Prefirió los reinos de estirpes bien vestidas, enjoyadas y palaciegas que le habían rendido un culto escandaloso.
El otro lado se ha quedado apartado, a un costado, desnudo y silencioso contabilizando las estrellas y negociando palcos o plateas para el concierto vespertino de las aves.
Un dios artista sostiene la obra entre sus manos.           
     

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