mi mansión melancolía, de cuando en estatura no superaba dos de esos escalones y podía subirlos sólo apoyando pies y manos.
de cuando me enrrollaba en las cortinas al atardecer y si tenía que trasladarme de un cuarto a otro de la casa lo hacía pegada a las paredes. lo único amigable era la escalerita del costado a la izquierda que llevaba a la cocina y a los brazos de alguna señora con olor a masa frita que rezongaba porque era peligroso subir por ahí sin baranda. como Claire y Justine tantas veces habré mirado el cielo buscando ...