martes, 3 de abril de 2012

Melancholia o como la depresión no es más que la conciencia clara y cierta de la inminente desaparición.

  

Se me había escapado esta obra de Von Trier. La película empezó así y desde el sillón de mi casa, sentada sobre la guata mullida y tapizada de mi rutina, sonando ruidos caseros alrededor, aún sin apagar la última luz delatora de vida real y sin saber en absoluto de que se trataba salvo el título y los actores. Ningún "pero" impidió que inmediatamente sufra el desdoblamiento que siempre busco y poco encuentro. Esa riqueza maravillosa de ser la que mira y también la que penetra el arte. No se logra esto sino desde la identificación con la obra y todavía sigo relamiéndome de que exista la posibilidad de olvidarla y volver a encontrarla.
Desde ese primer instante supe que la depresión flotaba en la atmósfera de la astronomía, como también hubiese flotado en cualquier otra que Von Trier hubiese querido utilizar.
La depresión siempre es conciencia de la muerte. Es no querer y sí querer morir. Es sonreir, sonreir, sonreir para huir, huir, huir. Es querer que te busquen pero no te encuentren. Es un demorar eterno hasta que llegue de una vez algo que lo detenga. Siempre es quedarse dormido a los pies del sueño de un niño. Nunca es terminar lo que se empieza. Y en el último instante ... espero ... que sea recuperar toda la fuerza, la belleza y la magia de esta vida.

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