Un alto en la escritura propia. Diría mejor una elevación absoluta porque en esta entrada se producirá el salto cualitativo que justifique el sentido de esos ojos posados aquí en este instante.
Detrás de quien siente alegría de escribir hay una lista de autores que van minando su discreto juicio haciéndole creer que hay alguna posibilidad de considerarse un escritor. Así me pasó desde que tengo recuerdo de leer y por eso cada vez que escribo tomo las palabras como si fuesen la cuerda de un arco y apunto hacia esas lecturas. No sé qué sucede pero invariablemente la gravedad se succiona mi flecha.
El primero en mi lista es César Vallejo, a continuación transcribo versos y estrofas elegidas de su poema Trilce. No tendría problemas con los 140 caracteres del twitter este muchacho, no necesita más para zamparte belleza por la cabeza.
"Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos
pura yema infantil innumerable, madre".
"Madre, y ahora! Ahora, en cuál alvéolo
quedaría, en qué retoño capilar,
cierta migaja que hoy se me ata al cuello
y no quiere pasar. Hoy que hasta
tus puros huesos estarán harina
que no habrá en qué amasar
¡tierna dulcera de amor,
hasta en la cruda sombra, hasta en el gran molar
cuya encía late en aquel lácteo hoyuelo
que inadvertido lábrase y pulula ¡tú lo viste tánto!
en las cerradas manos recién nacidas."
”El yantar de estas mesas así, en que se prueba
amor ajeno en vez de propio amor,
torna tierra el bocado que no brinda la
MADRE
hace golpe la dura deglución; el dulce,
hiel; aceite funéreo, el café.
Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,
y el sírvete materno no sale de la
tumba,
la cocina a oscuras, la miseria de amor".
“Y me han dolido los cuchillos
de esta mesa en todo el paladar.”
“Tal la tierra oirá en tu silenciar,
cómo nos van cobrando todos
el alquiler del mundo donde nos dejas
y el valor de aquel pan inacabable”.
“Esta casa me da entero bien, entero
lugar para este no saber dónde estar”
Detrás de quien siente alegría de escribir hay una lista de autores que van minando su discreto juicio haciéndole creer que hay alguna posibilidad de considerarse un escritor. Así me pasó desde que tengo recuerdo de leer y por eso cada vez que escribo tomo las palabras como si fuesen la cuerda de un arco y apunto hacia esas lecturas. No sé qué sucede pero invariablemente la gravedad se succiona mi flecha.
El primero en mi lista es César Vallejo, a continuación transcribo versos y estrofas elegidas de su poema Trilce. No tendría problemas con los 140 caracteres del twitter este muchacho, no necesita más para zamparte belleza por la cabeza.
"Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos
pura yema infantil innumerable, madre".
"Madre, y ahora! Ahora, en cuál alvéolo
quedaría, en qué retoño capilar,
cierta migaja que hoy se me ata al cuello
y no quiere pasar. Hoy que hasta
tus puros huesos estarán harina
que no habrá en qué amasar
¡tierna dulcera de amor,
hasta en la cruda sombra, hasta en el gran molar
cuya encía late en aquel lácteo hoyuelo
que inadvertido lábrase y pulula ¡tú lo viste tánto!
en las cerradas manos recién nacidas."
”El yantar de estas mesas así, en que se prueba
amor ajeno en vez de propio amor,
torna tierra el bocado que no brinda la
MADRE
hace golpe la dura deglución; el dulce,
hiel; aceite funéreo, el café.
Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,
y el sírvete materno no sale de la
tumba,
la cocina a oscuras, la miseria de amor".
“Y me han dolido los cuchillos
de esta mesa en todo el paladar.”
“Tal la tierra oirá en tu silenciar,
cómo nos van cobrando todos
el alquiler del mundo donde nos dejas
y el valor de aquel pan inacabable”.
“Esta casa me da entero bien, entero
lugar para este no saber dónde estar”
"Aguardemos así, obedientes y sin más
remedio, la vuelta, el desagravio
de los mayores siempre delanteros
dejándonos en casa a los pequeños,
como si también nosotros
no pudiéramos partir"
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