miércoles, 2 de noviembre de 2011

Gran Reserva


La gema de la palabra habita el ángulo
por donde resbala el sudor
cuando el reacio 
se rinde en reverencia.

Que tu ojo busque el tono condensado
de la idea
goteando
efervescente su auge de las orillas a los cabos.

Distinguí los deslices del olor
y a fosa batiente dale cueva
a los alientos,
sin quebrar lo líquido del poema.

Dejame como final en boca
un trago de los tiempos de crianza,
cuando plenitud era “permiso”
para comerse la fruta lavada por el sol.  

Palabra, idea, poema y todo lo demás expuesto en un atracón de moras en la plaza, de higos en el campo, de uvas en los parrales vecinos y de granadas en la casa de la avenida España. Pasado aquel tiempo la fruta en exceso suele llegar a través del vino con menos plenitud y más permisos.  

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