Cansados de gastar la mirada
en lo lindero de la copa,
desconfiamos de la imagen
en los ojos de quien la agita
donde somos giro turbio entre paneles.
¿Por qué mejor no nos derrama y contempla el hilo,
cómo se colorea, gana o pierde fuerza
hasta aquietarnos y ser
lo que puede llevarse a la boca entre dos dedos?
Propicio enlace entre su placer en ciernes
y nuestra sensualidad sin lupa de lágrimas,
que engendra hijas de la vista
reacias a la máscara,
vacías del costal, desabrigadas.
Antes no ser a que seas la luz de mis ojos, el cristal con que miro, la copa que me contiene, el aire que respiro, los pasos que me llevan y la vida que no tengo. Antes ... que me comas y que vueles.
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